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jueves, 20 de enero de 2011

Muy interesante mirada

Cash, Domingo, 16 de enero de 2011

“La crisis capitalista...” 

Por Natalia Aruguete

Mientras algunos expertos se esmeran en alegar que la actual es una crisis de las hipotecas subprime o el estallido de un capitalismo que se ha financiarizado, David Harvey prefiere hablar de “crisis urbanas”, provocadas por una fiebre de la construcción “sin importar qué”. Autor de Breve historia del neoliberalismo, Harvey no sólo acusa a la desregulación del sector financiero como uno de los factores que llevaron al descalabro actual, sino que advierte que la supremacía del capital concentrado sobre las decisiones políticas seguirá siendo un impedimento para salir de la crisis. En su paso por Buenos Aires, invitado por el Cemop, el geógrafo británico dialogó con Cash sobre las transformaciones del mercado inmobiliario en las últimas décadas, la orientación que tuvo la inversión en infraestructura y la consecuente “acumulación por desposesión”. Frente a un modelo que no es sustentable, Harvey propuso pensar “un nuevo tipo de urbanización”.
Desde su perspectiva como geógrafo, ¿qué conexiones encuentra entre urbanización y esta crisis?
–Una de las cosas que me gustaría enfatizar es la relación entre urbanización y formación de la crisis. En las décadas del ‘50 y ‘60, el capitalismo se estabilizó con una forma de masiva suburbanización: caminos, autos, un estilo de vida. Una de las preguntas es si son sostenibles a largo plazo. En el sur de California y Florida, que son epicentros de la crisis, estamos viendo que este modelo de suburbanización no sirve más. Algunos quieren hablar de las crisis subprime, yo quiero hablar de las crisis urbanas.
¿Qué piensa de las crisis urbanas?
En la década del ‘80 se pensaba que Japón era una potencia y se cayó en los años ‘90 por la crisis de los precios de la tierra. Desde entonces, no se recuperó más. También existe una preocupación en Estados Unidos de que la crisis inmobiliaria impida la recuperación, pese a los intentos que se hacen. Otra cuestión es que la forma de uso intensivo de la energía requería muchas extensiones de terreno y creaba un estilo de vida de lugares dispersos. Esto está planteando, justamente, un nuevo tipo de urbanización. Lo llamativo es que China está copiando a Estados Unidos, lo que es muy tonto. Uno observa que no es sustentable bajo la crisis ambiental. Existe una alta conexión entre desarrollo capitalista, crisis capitalista y urbanización.
¿En qué medida influyó la transformación del mercado inmobiliario en la crisis de la urbanización?
–¿Dónde puso la gente rica su dinero en los últimos 30 años? Hasta los ‘80, poner dinero en la producción daba más dinero que ponerlo en el negocio inmobiliario. A partir de allí empezó a pensarse dónde poner el dinero para que dé una tasa de retorno más alta. Los mercados inmobiliarios y de la tierra son muy interesantes: si yo invierto, el precio sube, como el precio sube, más gente invierte, entonces sigue subiendo el precio. A mediados de la década del ‘70, en Manhattan (Nueva York), se podía vender por 200.000 dólares un tipo de edificio que ahora cuesta dos millones de dólares. Desde entonces, hubo burbujas de distintos tipos, que se van reventado una a una. Los mercados bursátiles se volvieron locos en los años ‘90. Si uno observa la participación de los distintos sectores en el producto bruto interno de los Estados Unidos, en 1994, el mercado accionario tenía una participación del 50 por ciento en el PBI. En el 2000 subió a un 120 por ciento y empezó a caer con la “crisis puntocom”. Mientras que la participación del mercado inmobiliario en el PBI empezó a crecer, y pasó del 90 al 130 por ciento en el mismo período.
¿Qué opina sobre la orientación que tuvo la inversión en infraestructura en las últimas décadas?
–El capitalismo no puede funcionar sin su infraestructura típica: carreteras, puertos y vías, edificios y fábricas. La gran pregunta es cómo se construyen estas infraestructuras y en qué medida contribuyen a la productividad en el futuro. En Estados Unidos se habla mucho de puentes que van a ninguna parte. Hay intereses muy grandes de los lobbistas de la construcción que quieren construir sin importar qué. Pueden corromper gobiernos para hacer obras que no van a ser de uso para nada.
Un ejemplo de lo que describe es lo que sucedió en España, con el boom de la construcción.
–Una parte de la explicación de la crisis en Grecia y España puede vincularse con estas malas inversiones en infraestructura. Grecia es también un caso típico con los Juegos Olímpicos, grandes obras de infraestructura que ahora no se usan. En los años ‘50 y ‘60, la red de caminos y autopistas, en Estados Unidos, fue muy importante para el mejoramiento de la productividad. Algo similar se observa actualmente en China, con caminos, ferrocarriles y nuevas ciudades, que en los próximos años van a tener un alto impacto en la productividad.
¿Cree qué China está enfrentando la crisis de manera distinta de Estados Unidos?
–Tiene mejores condiciones que otros países, sobre todo porque cuenta con grandes reservas de divisas. Estados Unidos tiene un gran déficit y China, un gran superávit. El otro problema en Estados Unidos es político.
¿Cuáles son los factores políticos que dificultan salir de la crisis?
–Quien intenta construir obras de infraestructura útiles es acusado inmediatamente de “socialista”, que es lo que está sufriendo Barack Obama. En China eso no importa porque tienen otras condiciones políticas. El gobierno en China es autoritario y puede poner las cosas en su lugar. En el caso del Congreso norteamericano está dominado por grupos republicanos y demócratas que manejan intereses económicos y las condiciones para tomar decisiones son otras.
Se deduce una diferencia en la relación entre el poder político y el poder económico en estos países.
–En China, por efecto de la crisis americana, la respuesta fue hacer grandes proyectos de infraestructura de inmediato. Además, el gobierno centralizado de China tiene enorme poder sobre los bancos. Dio la orden: “Den préstamos para estas obras a gobiernos municipales y a los privados que estaban haciéndolas”. El gobierno central de los Estados Unidos no puede hacer eso. Se mantiene diciéndoles a los bancos: “Presten” y los bancos dicen: “No”. China está creciendo a ritmos del 10 por ciento después de la crisis y Estados Unidos está por el piso.
¿Cuáles son las fallas institucionales que han llevado a esta crisis?
–Desde la década del ‘70 hubo una idea dominante de que la respuesta era privatizar. Hay muchas alternativas para que el sector público provea mejores servicios que el sector privado.
¿Cree que esta concepción también penetró en el sistema financiero?
–En Estados Unidos, en la década del ‘30, los bancos de inversión estaban separados de los bancos comerciales. En los últimos años se permitió que se unieran. Es un caso de cambio regulatorio, donde el Estado se retira del control.
¿Cómo evalúa el tipo de regulaciones que se propusieron implementar a partir de la crisis?
Hay una teoría llamada “captura regulatoria”. Supone poner a las gallinas a ser controladas por los zorros. Si uno mira las formas regulatorias propuestas hasta ahora, se da cuenta de que los zorros están ganando y eso es porque los zorros controlan también el Congreso de los Estados Unidos.
¿Hay diferencias entre las políticas impulsadas en los Estados Unidos y en Europa?
–Sí, hay diferencias. Uno de los temas que estoy estudiando es justamente las diferencias que hay en distintos lugares. Por ejemplo, en América latina la reacción de los gobiernos fue mucho más sensible a la crisis que lo que se observa en los Estados Unidos y Europa. En Europa hay un gran conflicto entre los países más grandes y los más chicos. Alemania, que por razones históricas tiene una obsesión con el tema de la inflación, impone el tema de la austeridad. El triunfo de un gobierno conservador en Inglaterra también fortalece la idea de austeridad. Por eso, no sorprende que Europa esté estancada, mientras China está creciendo fuerte.
¿Qué impacto tienen las políticas de austeridad?
–La austeridad es algo totalmente erróneo. En primer lugar, por las diferencias de impacto entre clases sociales. En general, las clases más bajas son las más damnificadas. Además, las clases más bajas, cuando tienen dinero, lo gastan, mientras que las clases altas lo usan para generar más dinero y no necesariamente para hacer cosas productivas.
¿Por ejemplo?
–Muchos ricos de los Estados Unidos compraron tierras en América latina. Esto llevó al aumento del precio de la tierra. En el largo plazo, debemos pensar cómo puede vivir el mundo de acuerdo con sus recursos. Eso no significa austeridad, sino una forma más austera de vivir, que no es lo mismo.
¿En qué se diferencian?
–Deberemos pensar qué es lo que realmente necesitamos para tener una buena vida, y muchas de las cosas que pensamos del consumo son una locura; es dilapidar recursos, naturales y humanos. Tenemos que pensar cómo hacemos en el largo plazo para que 6800 millones de personas puedan vivir, tener vivienda, salud, alimento para que tengan una vida razonable y feliz.

domingo, 25 de octubre de 2009

Algo sobre la palabra liberalismo

Una palabra puede cambiar de signo dependiend0 del lugar en que uno se encuentre. "Liberalismo", por ejemplo, tiene un significado al norte del Río Bravo y otra en el sur. He aquí un ejemplo en Economía.
Lo del SME, en la lógica del neoliberalismo
Octavio Rodríguez Araujo
El liberalismo nació siendo antiestatista: el Estado, se dijo hace más de 200 años, limita la libertad de los mercados. Con la crisis de 1929 los liberales tuvieron que aceptar la intervención del Estado como posible salvación del capitalismo, aunque no pudiera resolver los agudos problemas de pérdida económica de muchos capitalistas individuales. Lo que hizo el Estado en ese año y los siguientes fue reactivar la economía dando empleo a quienes lo habían perdido. Con el empleo aumentó el número de consumidores y con éstos la demanda de productos que había disminuido provocando la crisis. Para dar empleo se hicieron obras de infraestructura y, como dijo alguien entonces, se hicieron hoyos y luego los taparon. El punto era dar empleo y pagar la mano de obra, aunque no fuera mucho, para convertirla en mercado eficiente, en consumidora. La economía florecería de nuevo.
Cuando la crisis fue superada los liberales recuperaron su ideología y otra vez exigieron menos Estado. Sin embargo, la intervención de éste no desapareció del todo ni de golpe: sirvió para seguir obras de infraestructura, para subsidiar al capital con el seguro social más o menos generalizado, sobre todo en Europa; también con la educación gratuita y el seguro de desempleo. Fueron logros, probados durante la crisis y a consecuencia de los estragos de la Segunda Guerra Mundial, que hasta los liberales más ortodoxos respetaron e incluso defendieron aun en contra de las opiniones de uno de los grandes teóricos del liberalismo moderno, Friedrich von Hayek. Aun en Gran Bretaña, cuna del liberalismo con la revolución industrial, el intervencionismo estatal para regular la economía y restar puntos a la injusticia social propia del capital con manos libres fue una realidad con los gobiernos laboristas.
En Estados Unidos la dinámica fue otra y los apoyos estatales a la población mayoritaria comenzaron a disminuir al mismo tiempo que las grandes empresas recibían beneficios y subsidios. Como eran tiempos de anticomunismo militante y obtuso, y se veía a la Unión Soviética como extremo del intervencionismo estatal (pues la economía dependía del Estado totalmente), los gobiernos de Washington iniciaron una lucha contra cualquier expresión más o menos organizada de sentimientos nacionalistas y estatistas en su patio trasero, desde gobiernos como el de Arbenz, en Guatemala, hasta sindicatos y organizaciones campesinas en otras muchas naciones. Se fomentó así, con el concurso de la CIA, la desestabilización de varios gobiernos de la región y se patrocinaron dictaduras militares que liquidaron la oposición, comenzando con la sindical. La idea era que el ejemplo de Cuba no se extendiera más allá de la isla. Fue así que el intervencionismo estatal, como parte de la estrategia del desarrollo económico de la segunda posguerra en América Latina, fue desmantelado en varios países, rompiendo las trincheras defensoras del nacionalismo económico. El mejor ejemplo de esta nueva política de Estados Unidos fue Chile y de ahí las dictaduras de otros países, principalmente del cono sur (la dictadura brasileña, que inició en 1964, fue nacionalista). En México no fue necesario un golpe de Estado: el Partido Revolucionario Institucional, subordinado al gobierno en turno, garantizaba que la mayoría de los sindicatos fueran sumisos y funcionales a las necesidades del capital. Igual las principales asociaciones campesinas.
A partir del experimento chileno y la asunción al poder de Reagan y Thatcher, el modelo de desarrollo nacional fue sustituido por otro basado en la globalización de la economía y en una nueva ideología que ha dado en llamarse neoliberalismo, que en lo que más se parece al liberalismo clásico es en su antiestatismo. México no sería excepción. Con el argumento de la deuda pública externa, impagable por muchos conceptos, el gobierno de López Portillo aceptó las condiciones del Fondo Monetario Internacional, es decir, la privatización de empresas públicas, la reducción del Estado y la disminución del déficit de las finanzas públicas, los topes salariales y el recorte de los contratos colectivos de trabajo y, de ser posible, la de-saparición de sindicatos, especialmente los de posiciones antiestadunidenses o de inclinaciones socialistas. Quien afianzó este nuevo régimen, inscrito en la globalización y basado en el neoliberalismo, fue Salinas, antes como secretario de Programación y Presupuesto y luego como presidente espurio, pero legal.
Con Salinas y sus sucesores, tanto Zedillo, teóricamente del PRI, como los panistas Fox y Calderón, continuó la misma política de desmantelamiento del Estado y la privatización del patrimonio nacional. Muy pocas voces en el tricolor y ninguna en el PAN se escucharon contra este proceso. Fueron el PRD y sus aliados los que dieron la nota de oposición a las privatizaciones, sobre todo de la industria energética, además de algunos cuantos sindicatos, destacadamente el Mexicano de Electricistas.
El expediente que han usado los gobernantes neoliberales mexicanos ha sido la privatización supuestamente marginal y complementaria por la vía de concesiones al capital y por sustitución de competencias en función de la demanda, y en los últimos años mediante subsidios a los grandes capitales, nacionales y extranjeros, exenciones fiscales en ciertos casos y, finalmente, la desaparición del organismo descentralizado Luz y Fuerza del Centro. Esto explica por qué el gobierno no actuará contra los trabajadores petroleros o de la educación: los tiene en la bolsa y siguen siendo funcionales, gracias a la antidemocracia interior y al sometimiento a las directrices gubernamentales a favor, sin lugar a dudas, del capital y muy al margen de las necesidades históricas de la nación y sus pobladores.
La decisión de Calderón en contra del SME no fue una humorada presidencial ni un acto de valentía. Se inscribe en la lógica del neoliberalismo, que él y su gabinete quieren seguir defendiendo, a pesar de que está en descrédito en los mismos países que lo impulsaron originalmente.

martes, 15 de septiembre de 2009

México: "El tren de la economía"


México lindo, pero no para la inversión
4 minutos
José Manuel Martínez
¡Mexicanos al grito de guerra!, así inicia el Himno Nacional, pero pocas han sido las batallas ganadas para lograr un país competitivo y atractivo para la inversión extranjera y nacional, base para el crecimiento económico.

El país se mantiene como la nación número 60 más competitiva entre 133 economías que califica el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), ha sido superado por Brasil, mientras que en la región latinoamericana Uruguay, Trinidad y Tobago, Colombia y Perú avanzan más rápido.
La contracción de la economía mexicana ha sido significativamente más acentuada que la observada en otras economías emergentes, lo que deja ver las debilidades que por años no han sido subsanadas y que hoy nuevamente se discuten en el Congreso.
Entre las debilidades más destacables se encuentran la alta dependencia del comercio exterior y la inversión de Estados Unidos, la ineficacia de instituciones públicas, incluso ocupa el lugar 110 de 133 economías; la alta inseguridad (lugar 125) "razones de preocupación por la alta violencia del crimen organizado" dijo el WEF.
Un mercado laboral rígido (lugar 115) caracterizado por pesadas regulaciones, altos impuestos sobre las remuneraciones, y una educación (74) poco efectiva que no proporciona una mayor contribución al desarrollo con una baja generación de ingenieros y científicos.
Son necesarias "acciones adicionales para liberalizar mercados, aumentar el sistema educativo, y mejorar gobierno público" dijo el WEF en su último reporte de competitividad publicado la semana pasada.
Estas debilidades provocaron una caída de 20% en la Inversión Extranjera Directa en 2008, la mayor baja entre los países de la región latinoamericana, según la Comisión Económica para América latina y el Caribe (CEPAL).
En tanto en México ocupa el lugar 51 de 183 países en facilidad de hacer negocios, según el estudio Doing Business 2010 presentado la semana pasada por el Banco Mundial.
En este ranking hubo una mejora de cuatro posiciones en un año, pero todavía se encuentra por debajo de naciones como Puerto Rico o Chile en la región.
Cuatro mayores debilidades en la coyuntura:
1.- Alta dependencia de EU
México sigue siendo especialmente dependiente del ciclo económico en Estados Unidos, así como de su crecimiento potencial. Las empresas en el país tienen un mayor grado de especialización en ese mercado en lo que corresponde tanto a sus exportaciones de bienes y servicios, como en términos de los flujos de factores productivos entre los dos países (migración y las consecuentes remesas familiares, inversión extranjera, etc.). Una relación natural por la cercanía geográfica pero con pocos alicientes para expander relaciones comerciales a regiones de crecimiento como América Latina.
México exporta alrededor del 80% de sus mercancías a Estados Unidos, mientras que más del 70% de la inversión extranjera directa proviene de las empresas de ese país.
Incluso las mayores restricciones de financiamiento que han sufrido las empresas multinacionales de origen norteamericano durante la crisis actual han conducido a importantes caídas en los flujos de inversión.
2.- Desaceleración de financiamiento
El fuerte proceso de bancarización con la ampliación de los créditos, principalmente al consumo perdió fuerza con la recesión económica al no ir aparejado con educación financiera que ha propiciado en parte la mayor cartera vencida.
Los créditos de la banca comercial al sector productivo han disminuido ante la alerta de una mayor morosidad.
3.- Baja flexibilidad en la respuesta a la Recesión
El fuerte desempleo en el sector de la manufactura provocó que los trabajadores despedidos fueran absorbidos, en el mejor de los casos, por la economía informal de baja productividad, según los indicadores de desempleo, subempleo, empleo informal y de retiro de empleados de la fuerza laboral lo que conduce a una caída del ingreso nacional más severa que la que se hubiese observado si el empleo hubiese emigrado a sectores de mayor productividad que no sufrieron el choque inicial de demanda externa en la misma magnitud.
"Es posible que persista una cierta pérdida de productividad de la economía en su conjunto", dijo Banco de México en su último reporte trimestral de inflación.
4.- Restricciones de financiamiento
México se ha visto afectado de manera adicional por el deterioro que ha sufrido la percepción que se tiene en los mercados respecto a su nivel de riesgo. Diversas agencias calificadoras han manifestado cuestionamientos acerca del margen de maniobra de las finanzas públicas, la capacidad de financiamiento del déficit y las perspectivas de largo plazo de la deuda pública. El deterioro de la percepción de riesgo del país podría estar afectando, a su vez, la confianza de los inversionistas y, de ese modo, podría estar exacerbando la caída en la inversión, por encima de lo que hubiese sido la respuesta natural ante el choque de demanda externa que sufrió la economía durante el ciclo actual.
Fortalezas
Entre las fortalezas de la economía mexicana que identifica el WEF se encuentran su posición geográfica ante el mayor mercado del mundo, estabilidad macroeconómica, población joven con necesidades que satisfacer lo que representa uno de los mayores mercados potenciales, una red amplia de tratados comerciales, proveedores locales de mayor calidad y una cadena de valor agregado principalmente por su vocación a las manufacturas.