domingo, 8 de febrero de 2015

Argentina es uno de los pocos países del mundo que durante los últimos siete años redujo su deuda en relación al PBI.

Del portal oficial de Cristina Fernádez de Kirchner:

FEBRERO 7, 2015
Argentina es uno de los pocos países del mundo que durante los últimos siete años redujo su deuda en relación al PBI.
Desde 2007, la deuda global creció en 57 billones de dólares. Al crecer más la deuda que la producción de los distintos países, la deuda externa mundial pasó del 270% del producto bruto mundial al 286%.

Un informe elaborado por la consultora McKinsey, publicado por el Financial Times, indica que Argentina es uno de los pocos países del mundo que durante los últimos siete años redujo su deuda en relación al PBI.
Países como Brasil la aumentaron un 27 por ciento, Grecia el 103, e Irlanda en 172 por ciento. El trabajo revela que la deuda global aumentó en relación al producto bruto y llegó a casi 200 billones de dólares.

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Cambios en la relación deuda-PBI (2007-2014) en puntos porcentuales. Fuente: McKinsey Global Institute.




Los ratios de deuda de otros países desarrollados también aumentaron desproporcionadamente, como Francia y Reino Unido, que alcanzaron el 66 y el 62 por ciento. España acumuló un 72 por ciento más de deuda en relación al PBI, China un 83, Rusia un 19 y Estados Unidos un 16 por ciento.
Desde 2007, la deuda global creció en 57 billones de dólares. Al crecer más la deuda que la producción de los distintos países, la deuda externa mundial pasó de representar un 270 por ciento del producto bruto mundial, al 286 por ciento.
El estudio analiza la evolución de la deuda externa entre 2007 y 2014. “Los niveles más altos de deuda plantean preguntas acerca de la estabilidad financiera”, alerta el Financial Times, que también propone “nuevos enfoques” a la prevención de futuras crisis de deuda. La encuesta de McKinsey tomó como referencia a 47 países. El Times publicó un gráfico interactivo con la deuda pública y privada de los países del estudio, y permite desagregar la deuda del sector financiero.
“Hay pocos indicios de que la trayectoria actual de creciente apalancamiento va a cambiar”, advirtió el informe. El Financial Times anticipó que “es probable que alimente debates entre los economistas acerca de lo que es un nivel apropiado de deuda en una economía”.
Un marco jurídico para la reestructuración de la deuda
La difusión del informe coincidió con el cierre de la primera sesión de discusiones en Naciones Unidas para analizar la elaboración de un marco regulatorio para reestructuraciones de deudas soberanas. El encuentro de tres jornadas concluyó con un acuerdo entre expertos en finanzas de la comunidad internacional.
El Comité ad hoc de la Asamblea General de la ONU dio por terminado el debate sobre qué enfoque tomar en torno a la propuesta de regular las reestructuraciones de deuda. La propuesta que sirvió de base es la que presentó Argentina. Apunta a facilitar “una reestructuración ordenada”, que promueva la creación de un mecanismo de reestructuración formal que contemple “el restablecimiento de viabilidad y crecimiento” del país, y que sería supervisada por una comisión de tres Estados.
La segunda ronda de debates será entre el 28 y el 30 de abril en Nueva York, y será para definir los detalles de la propuesta argentina. La tercera etapa, prevista para mitad de año, será la que termine de ultimar la redacción final del texto.

lunes, 19 de enero de 2015

Un chiste de CASH

Un matemático, un especialista en estadística y un economista se presentan a una entrevista para el mismo trabajo.
El gerente de recursos humanos hace pasar al matemático y pregunta: “¿A qué es igual dos más dos?”, “Cuatro”, replica el matemático. “¿Cuatro exactamente?”, repregunta el gerente. Sorprendido el matemático lo mira y responde con una afirmación.
Luego, el entrevistador llama al estadístico y le hace la misma pregunta; “¿A qué es igual dos más dos?”. El hombre responde: “En promedio, cuatro, con un más-menos diez por ciento de confianza, pero en promedio, cuatro”.
Por último, el empresario convoca al economista y plantea la misma pregunta. El economista se levanta, cierra la puerta, baja la persiana, aproxima su silla a la del entrevistador y, en voz baja, dice: “¿A qué desea usted que sea igual?”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/39-8225-2015-01-19.html

Je ne suis...

 Producción: Tomás Lukin

El Foro Económico Mundial que se hace cada año en Davos, Suiza, es un espacio dominado por la ortodoxia que criticaba Maris.
Tapa cash
-“Si la economía es la ciencia que sólo trata sobre ‘confianza’, entonces el economista más importante es Freud.”



El profesor de Economía, Bernard Maris, fue asesinado en el atentado a la revista francesa Charlie Hebdo. El periodista era un histriónico crítico de la teoría económica ortodoxa y sus “profesionalizados” voceros mediáticos. “La economía es un anestésico del mismo tipo que el latín en la Iglesia, y sin duda ha ganado mucho allí donde la religión ha perdido mucho. Hay una dimensión de trance en la oración común, que se encuentra en la alabanza económica a la confianza, cantada en canon en las reuniones del G-7 y en otras. No hace falta ser clérigo para ver una utopía en la economía ortodoxa, la ley de la oferta y la demanda y el liberalismo idealizado, como en el comunismo; y como en él, una religión con sus fieles, sus papas, sus inquisidores, sus sectas, su ritual, su latín (las matemáticas), sus apóstatas, y quizás un día su Pascal y su Chateaubriand”, sostiene Maris en uno de los textos recopilados en Carta abierta a los gurúes de la economía que nos toman por imbéciles (Gránica 2001), que reproduce Cash en algunos de sus pasajes más destacados. El texto –una pobre traducción al español de los escritos del francés– ya no se consigue en las librerías, aunque es posible encontrarlo en alguna estantería de usados.
Maris era uno de los fundadores y accionistas de la editorial a cargo de la publicación de Charlie Hebdo, dirigente del Partido Verde francés, vicepresidente del Consejo Científico de Attac y desde 2012 miembro del Consejo General del Banco de Francia. “Los medios comprendieron muy rápidamente el beneficio que podían obtener de que la ‘ciencia’ económica fuera la única donde el debate sea casi permanente, en el sentido interminable y escolástico. ¿Se imaginan a físicos discutiendo incansablemente, día tras día, acerca de la caída de los cuerpos o la redondez de la Tierra?”, critica Maris. En sus escritos, Oncle Bernard –el pseudónimo que utilizaba en sus artículos– repudiaba con ironía a los “mercaderes” de información económica, a quienes comparaba con astrólogos, hechiceros, brujos y chamanes.

Carta abierta a los gurúes de la economía que nos toman por imbéciles

“Señores que hablan de economía, o más bien que venden sus mentiras revistiéndolas de economía –después de todo, son cálculos tan valiosos como cualquier otro, incluso los cálculos económicos–. Ésta no será una carta de felicitaciones. Y a ustedes, señores economistas, no se los congratulará tampoco por ir a rebuznar con los asnos, o por dejar que lo hagan.
”No se celebrará, a unos ni a otros, por sus transformaciones. ¿Adoraban al mercado? Van a destruirlo. ¿Odiaban al Estado? Lo están pidiendo a gritos. ¿Detestaban los controles de capitales? Están solicitando un nuevo Bretton Woods. ¿Exaltan a los ‘países emergentes’? ¡Pero esas maravillas de crecimiento, colmadas de capitales, sólo eran dragones de papel y guaridas de familias mafiosas! ¿Aplaudían la flexibilidad y la reducción de los costos laborales? Los más limitados y sectarios de ustedes reconocen que ésas no son las causas del desempleo.
”Tamaña falta de vergüenza es repugnante.
”Es cierto que renegar de la palabra empeñada es una arraigada costumbre desde que el mundo es mundo. Pero en ustedes es consustancial. Cambiar de idea, y explicar todas las cosas y sus opuestas según las mismas causas, parece inherente a su oficio. De todas formas resulta increíble... ¿Cómo es posible que renieguen de ustedes mismos hasta ese punto, y sin riesgos, ni consecuencias? ¿Por qué utilizan la economía para vender mentiras? ¿Y por qué se les permite usar la economía como argumento de venta, junto con sonrisas idiotas o pavoneos vacuos?
”¿Quiénes son ustedes, en realidad? ¿Con qué derecho hablan de economía? ¿Quién los convirtió en reyes por predicar, afirmar y babear sus grotescos teoremas y sus fatídicas leyes, como la de ‘la oferta y la demanda’? ¿Son los nuevos augures que examinan lo que llaman ‘estadísticas’ en lugar de lívidas entrañas? ¿Sacerdotes o vírgenes de una nueva religión en donde el Espíritu Santo se llama Mercado? ¿Empleados de la comunicación? ¿Publicistas –bastante mal pagos– de los poderosos del mundo? ¿Médicos de Molière, simples estafadores?
”Nos gustaría entender. ¿Por qué esta ciencia económica que empieza tan alto, desde la filosofía y la lógica, de Ricardo y de Marshall, cayó al nivel de bullicio de comedor con algunos peones que gritan más fuerte? ¿Por qué aterrorizan a la gente con un lenguaje abstruso?
”Ustedes, señores expertos, tendrían que explicarnos esto: ¿quiénes son para tener derecho a equivocarse y confundir a otros, a mentir, a lanzar gritos de alarma, a alabar un día la desregulación y al otro las regulaciones, y también lo contrario? ¿Con qué derecho profieren tantas tonterías por metro cuadrado con toda impunidad? ¿Por qué pueden decir cualquier cosa?
”Los médicos no tienen libertad para equivocarse, tampoco los ingenieros, ni los conductores de tren que se arriesgan a la cárcel si lo hacen. Se les va a pedir que rindan cuentas: es lo mínimo exigible en la ciencia de lo útil y cuantificable.”

¿Para qué sirven los economistas?

“Si la economía es la ciencia del mercado, no sirven para nada; lo sabíamos desde hace tiempo (desde Keynes), y ahora tenemos la confirmación de los más ultraortodoxos (Debreu).
”Si la economía es una ciencia que predice el futuro, entonces el economista más importante es algún astrólogo famoso.
”Si la economía es la ciencia que sólo trata sobre ‘confianza’, entonces el economista más importante es Freud.
”Si la economía es la ciencia que sólo sabe hablar sobre ‘transparencia’, entonces los economistas más importantes son los contadores, los policías, los agentes aduaneros o los jueces.
”Si la economía es una religión, entonces Michel Camdessus (N. de R.: ex director gerente del FMI entre 1987 y 2000) es el gran sacerdote, pero el mejor economista seguirá siendo el papa Juan Pablo II.
”Si la economía es chisme y cuchicheo, muchos periodistas pueden aspirar a recibir la Palma de Oro.
”Toda actividad tiene una utilidad social. Incluso los parásitos son útiles: permiten que se destaquen las denominadas personas ‘útiles’. Así como no hay nada ‘dañino’ en la ecología –a excepción de la cabeza vacía de los cazadores–, es raro no poder asociar una utilidad a alguna parte del cuerpo social. La parábola de Saint-Simon, que demostró que la riqueza de Francia no caería si se eliminara a una cantidad de vagos, escritores y otros, es cuestionable. Es tan discutible como la inutilidad del griego antiguo y la música que se enseña en las universidades. Entonces, ¿para qué sirven los casuísticos del utilitarismo?
”Indiscutiblemente los expertos, los mercaderes de los cuentos económicos, tienen la función de exorcizar el futuro. En un mundo sin religión, tienen la misma función que los gurúes y líderes de sectas; y más de uno combina ambos negocios. Desempeñan también el rol de hechiceros, chamanes, brujos de las tribus indias que hablan sin cesar para evitar que el cielo caiga sobre sus cabezas. Son los inagotables narradores de sociedades irracionales, crédulas, analfabetas de escritura pero no de cultura, que son sin duda más serenas que las nuestras.
”¿Para qué tenemos nosotros a los hijos de Smith, Marx y Keynes? ¿Están condenados a cumplir el papel de brujo, gran sacerdote o gurú? Obvio que no. Ellos pueden denunciar a los mercaderes de la confusión y promocionar la economía como una ciencia social y no una ciencia dura, pueden interrogar a la historia y las civilizaciones, pueden reflexionar sobre el valor y la riqueza. Pueden denunciar la eficiencia y la productividad o, simplemente, dejar eso a los administradores de empresa, a quienes les pagan para hacerlo. Y pueden retornar a la psicología, a la sociología, a la historia y a la filosofía. Pensar sobre el trabajo, el tiempo, el dinero. En síntesis: pueden volver a Smith, Keynes y Marx.
”También pueden optar por los negocios turbios y vender su hermosa ciencia por las lentejas del peritaje, y contentarse con el papel de bufones de los cuales uno se puede burlar dos veces por año, cuando se presentan las proyecciones de crecimiento, y todos los días, cuando la mafia rusa recicla los dólares que con falso candor le han prestado.
”Pero en ese caso no deberían hablar de ‘evaluación de calidad’, ni de ‘corrección técnica’.
”Que se pongan un bonete, una nariz roja, que muevan las orejas y se rasquen las axilas.
”’¿Para qué sirven los economistas?’, se preguntará alguien dentro de cien años. Para hacer reír a la gente.”

Cash: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-8224-2015-01-19.html

Argentina: COMO OPERA EL SISTEMA BANCARIO

La industria financiera


 Los bancos dejaron de ser un sostén para la producción para convertirse en un negocio en sí mismo. Para modificarlo, es necesario cambiar la Ley de Entidades Financieras.
Por Nicolás R. Taiariol *
 
Con el golpe de Estado cívico-militar de 1976 se instaló en Argentina un nuevo paradigma, que luego se llamaría Valorización Financiera y que no era otra cosa que reemplazar el proyecto industrializador vigente por otro basado en las recetas neoliberales, generando una de las reestructuraciones socioeconómicas más drásticas y significativas de nuestra historia. El objetivo de estos cambios fue generar una transformación de la estructura productiva.
La implementación del nuevo régimen de acumulación no se origina en el agotamiento de la Industrialización por Sustitución de Importaciones, ya que durante la década anterior (1964-74) se produjo un crecimiento ininterrumpido del PBI interno, registrándose una acentuada expansión industrial y habiéndose modificado la naturaleza del ciclo corto sustitutivo. Ese cambio se origina en una nueva puja en el interior de los grupos de poder. Ya que las dictaduras anteriores fracasaron al intentar disciplinar a las clases populares, sumado a que en el mundo se establecía el predominio de la obtención de renta financiera, esta vez la estrategia elegida por la dictadura fue implantar un nuevo orden (neo)capitalista modificando drásticamente la estructura económica y social para así disolver las bases materiales de la alianza entre la clase trabajadora y la burguesía nacional mediante la desindustrialización, la concentración del ingreso y la represión.
Uno de los pilares de la Valorización Financiera fue la reforma de las entidades financieras (Ley 21.526) de 1977. La nueva ley generó un mercado libre del dinero, privó al Estado de mecanismos reguladores, las tasas de interés pasaron a definirse por el libre accionar del mercado, se intensificó una tendencia a la reducción de la cantidad de entidades y la extranjerización del negocio financiero derivando en un proceso de concentración y extranjerización del sistema financiero. A mediados de los años ’70 existían alrededor de 730 entidades financieras, hoy se estiman en alrededor de 85.
Esta concentración del sistema bancario ofrece para aquellas entidades que logren mantenerse una gran ventaja, en tanto que ahora gozan de un mayor poder de mercado, determinan los costos de financiamiento en que se endeudan las empresas y establecen (a mínimo) el rendimiento de los depósitos de los ahorristas, reducen el préstamo productivo y aumentan el préstamo de consumo, entre otras, sin contar los abusos y las presiones que puedan generar y los negocios ilegales que pudieran realizar.
Los bancos han dejado de ser un servicio de cara a la producción del país para transformarse en un negocio en sí mismo que busca incrementar su rentabilidad sin importarle las consecuencias que pudiese generar.
Es necesario que los bancos sean parte de las políticas de competitividad, rentabilidad y crecimiento de la economía en su conjunto, pero esto no sucede con todo el potencial que debería y en muchos casos existen abusos. Prueba de esto es el 33 por ciento que se cobra para créditos hipotecarios (sumado a que solo financian el 70 por ciento del inmueble), el 33,5 por ciento para créditos prendarios, 50 por ciento para préstamos personales, el 80 por ciento para tarjetas de crédito y el 100 por ciento para giros en descubiertos. Vale destacar además que los grandes préstamos para financiar a la industria están subsidiados por el Estado nacional o son realizados por los bancos de manera compulsiva (el BCRA obliga a las entidades financieras a que presten a empresas a tasas bajas el 6,5 de sus depósitos). Este sistema financiero volcado a los créditos de corto plazo y con altas tasas de interés se expresa en que, aproximadamente, el 50 por ciento de los préstamos que se otorgan se destina a empresas y el otro 50 a familias, y dentro de las familias el 40 se otorgan a tarjetas de crédito y préstamos personales y 5 a créditos hipotecarios.
La contracara de los préstamos que realizan las entidades financieras son los costos que asumen por ese dinero que prestan. Los bancos suelen captar dinero de los ahorristas y prestarlos a sus clientes, los captan en partes iguales de los plazos fijos (por los cuales pagan cerca del 23 por ciento anual) y de las cuentas corrientes y de cajas de ahorro (por las cuales pagan 0). Es decir, que el costo de tomar dinero para luego prestarlo es de 12 por ciento y lo prestan al 30, 50, 80 y hasta más del 100.
Este abuso de posición dominante tiene su correlato en los resultados financieros que presentan los bancos. Su rentabilidad, medida sobre el patrimonio neto o medida sobre los activos que poseen, se ubica como de las más altas a nivel mundial. La participación de las ganancias de los bancos como porcentaje del PBI se elevó de 0,33 por ciento en 2005 a 1,08 en 2013, representando un aumento del 221 por ciento. Luego de un período con altibajos fruto de los coletazos del corralito en donde acumularon pérdidas por 19.773 millones de pesos, según el BCRA desde 2005 hasta 2013 tuvieron ingresos por 61.323 millones. Sumando a los bancos públicos, el ingreso acumulado de todo el sistema bancario en los primeros ocho meses del año alcanza los 32.782 millones de pesos, unos 4344 millones más de lo obtenido en todo 2013.
La discusión que urge es qué sistema bancario queremos. Ante la multiplicidad de respuestas que tiene esta discusión, surge como cierta la necesidad de que las entidades financieras estén reguladas celosamente por el BCRA de manera que evite (o minimice) los abusos, la usura y la ilegalidad. Y así como son necesarios los bancos comerciales, son necesarios los bancos de inversión y los bancos de desarrollo/industriales.
Los bancos de desarrollo tienen por objeto obtener y canalizar los recursos de manera de poder implementar los proyectos que hagan al desarrollo industrial nacional ajustándose a las directivas, planes y programas del gobierno nacional en materia económica. Por lo tanto, promueven, participan y financian mediante operaciones a corto, mediano y largo plazo las inversiones que se realicen en obras de infraestructura, instalación y desarrollo de industrias de base y la instalación, fomento, equipamiento y modernización de empresas industriales de capital nacional. Pueden y deben financiar sectores que suelen quedar marginados del crédito, como son las pequeñas y medianas empresas, el sector rural, proyectos de medio ambiente y actividades de innovación tecnológica. De esta manera, el banco de desarrollo puede convertirse en un instrumento del cual se valen los Estados para guiar los procesos industrializadores. Las modificaciones de la Carta Orgánica del BCRA han servido para orientar y segmentar el crédito hacia la producción, el consumo y el ahorro en moneda nacional, sin embargo falta mucho por hacer. Para poder avanzar más en el sistema bancario argentino es necesario establecer una nueva Ley de Entidades Financieras que reemplace a la vetusta ley de la dictadura.
Las entidades financieras no sólo actúan como freno al proyecto industrialista sino que también se han convertido en un factor de poder que juega su propio partido. En el inicio del 132º período legislativo, Cristina Fernández de Kirchner dijo: “Este gobierno ha soportado 8 corridas bancarias, 70.700 millones de dólares se fueron en corridas bancarias”. También son una pata fundamental para la fuga de capitales al exterior, los cuales se calculan en 374.000 millones de dólares. Sumado a las recientes movidas para desestabilizar al Gobierno a través de operaciones cambiarias como el contado con liqui y el dólar Bolsa.
Es imperioso realizar un cambio estructural y profundo en el sistema bancario y financiero argentino.

* Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

Cash: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/47-8234-2015-01-19.html

domingo, 1 de septiembre de 2013

Lobbies financieros

Por Alfredo Zaiat




La American Task Force Argentina es la entidad de lobby de los fondos buitre NML, de Paul Singer, y EM Ltd., de Keneth Dart. Invierten millones de dólares en campañas de desinformación en la prensa estadounidense, con ramificaciones en la argentina, para influir en la opinión pública, en el Congreso estadounidense, en la Legislatura del Estado de Nueva York, en tribunales internacionales, como el de Ghana, y también



en el de la ciudad que ampara a Wall Street. Uno de los mayores impactos de los buitres fue la retención indebida del buque de guerra ARA Fragata Libertad en el puerto de Tema, en Ghana, y lograr que un grupo de diputados argentinos propusiera una colecta para pagar la demanda para levantar el embargo del buque insignia de la Armada argentina con inmunidad soberana, protección ratificada por el Tribunal Internacional sobre el Derecho del Mar. El otro logro fue el fallo de la Corte del segundo distrito de Manhattan que reproduce, como lo hizo antes el juez de primera instancia Thomas Griesa, cada uno de los puntos reclamado por los fondos buitre, hasta la utilización de un lenguaje desmesurado en adjetivos despectivos hacia la Argentina, similares a los incorporados en comunicados de prensa y solicitadas de ATFA publicadas en los principales diarios de Estados Unidos.



La ATFA está acosando a la Argentina luego del éxito del primer canje de deuda en default, en 2005, que logró la aceptación del 76 por ciento de los acreedores, porcentaje que se elevó al 92,4 por ciento con el segundo trueque de papeles, en 2010. Esa organización está conducida por tres ex funcionarios de la administración Clinton. El presidente Robert Raben fue fiscal general adjunto del Departamento de Justicia, seguido por Robert Shapiro, subsecretario de Comercio para Asuntos Económicos, y Nancy Soderberg, embajadora de Estados Unidos en la ONU, durante la gestión Clinton. Paul Singer, creador y principal financista de la American Task Force Argentina, convocó para esa tarea a demócratas, al tiempo que ha ganado influencia en el Partido Republicano a través de donaciones millonarias para campañas electorales. En la última para presidente fue uno de los mayores aportantes del comité de acción política del candidato Mitt Romney.



Quienes minimizan la capacidad de influencia del lobby financiero sobre gobiernos y jueces lo hacen por desconocimiento o porque son parte de ese mismo lobby. El default y reestructuración de la deuda argentina es un caso lo suficientemente visible de ese tipo de intervención. En general, ese circuito de dinero sería categorizado como un tipo de corrupción en países periféricos; mientras que en Estados Unidos está legalizado bajo la figura del lobby.



Un reciente libro, Los lobbies financieros. Tentáculos del poder, de Juan Hernández Vigueras (Le Monde Diplomatique, Capital intelectual), desarrolla el inmenso poder de influencia de esos grupos sobre los gobiernos e instituciones internacionales más poderosas. Si tienen éxito ante ellos, como lo muestra el recorrido de la crisis internacional, la misión default argentino no es un desafío que los pueda intranquilizar. Vigueras, miembro del consejo científico de Attac-España y de Tax Justice Network, expone un caso impactante. Dos poderosos lobbies, como el Instituto de Finanzas Internacionales (IFF) y la Asociación Internacional de Derivados y Swaps (ISDA), con sede en Washington y Nueva York, intervinieron ante el Consejo Europeo en el acuerdo de la quita de capital de la deuda griega, con significativos beneficios para los grandes bancos. “Tras negociaciones entre bastidores con el IFF como lobby bancario, nuestros gobernantes (los europeos) se vieron obligados a rectificar el planteamiento inicial de la imposición obligatoria del canje a los bancos alemanes y franceses, porque la ISDA (Goldman Sachs es el miembro más influyente de esa organización) tenía unas reglas para los mercados derivados que había que aplicar; y el canje de bonos fue (finalmente) voluntario para los tenedores de títulos griegos.”



No hay que ser muy perspicaz para descubrir la acción de lobby desplegada en los grandes medios por financistas-economistas a favor de los fondos buitre. Los más audaces dicen que hay que pagar; los más sutiles afirman que todo lo que hizo el gobierno argentino estuvo mal. Son los mismos que postulan la opción de reiniciar el ciclo de endeudamiento en el mercado financiero internacional, con elevadas comisiones para los bancos colocadores de los bonos. Vigueras explica que “los lobbies de los grandes bancos y firmas financieras se sirven de ‘la puerta giratoria’ (revolving door), el flujo de idas y vueltas de expertos entre el sector privado y la tecnocracia pública, y de la financiación privada de las campañas de los partidos políticos para ganar influencia o poder en el campo político”. En términos nacionales, participantes históricos de “la puerta giratoria” en relación con la deuda son Daniel Marx, Miguel Kiguel y Alfonso Prat-Gay, entre los más conocidos. A nivel internacional, como se mencionó, Paul Singer financia el pago de sueldos de demócratas y campañas electorales de republicanos.



El lobby es una de las herramientas de bancos y fondos financieros (buitres) para aplicar una constante presión política sobre gobiernos, defendiendo un sistema inestable y de concentración de ingresos, que los beneficia. Vigueras precisa que “se constituyen con el fin de ejercer influencia sobre los representantes legítimos de la política, principalmente del Poder Legislativo y del Ejecutivo, aunque del análisis de la realidad podemos deducir que también se ejerce sobre el Poder Judicial”. Esto último ha quedado en evidencia con el fallo de Griesa y ratificado por la Cámara de Apelaciones de Nueva York, meca del capitalismo financiero.



El G-20 se reunirá en San Petersburgo, Rusia, el jueves y viernes de esta semana. Será la octava cumbre de presidente de los países miembros desde el estallido de la crisis internacional en 2008. En ese año se realizó la primera en Washington, con las potencias desesperadas por la crisis que había estallado por el riesgo a una debacle financiera global. Desde entonces se convocaron en Londres y en Pittsburgh en 2009, Toronto y Seúl en 2010, en Cannes en 2011 y en Los Cabos, Baja California Sur, México, en 2012. El G-20 está integrado por 19 países y la Unión Europea. Se presenta oficialmente como el foro más importante de cooperación en las áreas más relevantes de la agenda económica y financiera internacional. Además de la Unión Europea, está integrado por Estados Unidos, Alemania, Canadá, Japón, Italia, Reino Unido, Francia y Rusia, Corea del Sur, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudita, Turquía y Sudáfrica. Este foro surgió como respuesta a las crisis financieras que tuvieron las economías emergentes a fines de la década del ’90 y como reconocimiento de que dichas economías no estaban suficientemente representadas en los organismos multilaterales tradicionales. Adquiere dimensión recién en noviembre de 2008, cuando es relanzado al recuperar la agenda fundacional del grupo sobre la necesidad de prevenir nuevas crisis. El diagnóstico de las dos primeras cumbres presidenciales fue que existía un problema sistémico y la manera de solucionarlo era a través de la creación de mecanismos de coordinación y de regulación para frenar el descontrol de los mercados financieros globales.



La descripción del G-20 permite precisar el alcance del poder político de los miembros de ese grupo en la economía mundial. La promesa de reforma de los mercados financieros de los países potencias, nuevas potencias y emergentes fue abortada por los lobbies bancarios. Pese a la estruendosa crisis internacional que transita su sexto año, precipitada precisamente por la existencia de un mercado financiero globalizado y desregulado, cualquier intento de cambio en línea a mejorar y aumentar la supervisión y regulación del sistema fue neutralizado. Antes de la crisis hicieron lobby para la desregulación, y luego con el estallido, intervinieron para conseguir primero el salvataje de bancos y banqueros y después frenar medidas para modificar el funcionamiento del sistema financiero internacional. ¿Cómo lo hicieron? Vigueras lo explica: los lobbies han logrado colocar a sus agentes en las más altas esferas del poder, tanto en Estados Unidos como en Europa. Indica que “los grandes bancos y firmas financieras de Wall Street gastaron en estas actividades 3400 millones de dólares de 1998 a 2008, impidiendo reformas legales que habrían podido prevenir la crisis financiera”. Es lo mismo que hacen los fondos buitre con el litigio por la deuda en default con Argentina.



azaiat@pagina12.com.ar

lunes, 7 de mayo de 2012

PUJA ENTRE EL NEOLIBERALISMO DURO, UNA VERTIENTE MAS FLEXIBLE Y LOS KEYNESIANOS

DEBATE. PUJA ENTRE EL NEOLIBERALISMO DURO, UNA VERTIENTE MAS FLEXIBLE Y LOS KEYNESIANOS

La disputa por la hegemonía

En un texto escrito especialmente para Página/12, Palley detalla las tres corrientes de pensamiento predominantes sobre la crisis económica que están en disputa en Estados Unidos, y las soluciones que propone cada una para salir adelante.

 Por Thomas I. Palley
Opinión
La crisis económica global es el resultado de políticas erradas que derivan de ideas fallidas. A grandes rasgos, existen tres lecturas diferentes de la crisis. La primera es el núcleo duro de la posición neoliberal, que puede ser etiquetada como la “hipótesis del fracaso del gobierno”. En Estados Unidos esta postura está identificada con el Partido Republicano y la Escuela de Economía de Chicago. La segunda perspectiva, una visión neoliberal más liviana, es denominada como la “hipótesis del fracaso del mercado”. Esta posición amalgama a la administración Obama, a medio Partido Demócrata y al Departamento de Economía del MIT. En Europa se identifica con los políticos de la Tercera Vía. La tercera perspectiva es una visión progresista que calificamos como la “hipótesis de destrucción de la prosperidad generalizada”. Se identifica con la otra mitad del Partido Demócrata y el movimiento sindical, pero no tiene bancada en las principales universidades debido a la represión de alternativas a la teoría ortodoxa.
La “hipótesis del fracaso del gobierno” sostiene que la crisis tiene sus raíces en la burbuja inmobiliaria de Estados Unidos, en el fracaso de las políticas monetarias y en la intervención del gobierno en ese mercado. En relación con las políticas monetarias, argumentan que la Reserva Federal mantuvo las tasas de interés muy bajas durante mucho tiempo en la recesión anterior. Mientras tanto, la intervención del gobierno hizo subir los precios al impulsar la compra de propiedades más allá de las posibilidades de esos individuos. Para este núcleo duro, la crisis es un fenómeno esencialmente norteamericano.
La postura neoliberal más liviana argumenta que la crisis sucedió por la mala regulación financiera que permitió a los bancos tomar mucho riesgo y facilitó demasiado la desregulación y autorregulación. Estos errores contribuyeron a la mala asignación de recursos financieros. Esta visión es más global pero ve la crisis como un fenómeno esencialmente financiero.
El argumento de la “destrucción de la prosperidad compartida” considera que la raíz de la crisis está en el paradigma económico neoliberal que guió la política económica durante los últimos 30 años. Si bien Estados Unidos fue el epicentro de la crisis, todo el mundo está implicado, ya que adoptaron el mismo paradigma, donde la mala regulación financiera fue un elemento más.
El paradigma neoliberal se adoptó hacia fines los años 70. Entre 1945-1975, la economía de Estados Unidos estuvo caracterizada por un “círculo virtuoso” keynesiano donde los aumentos de productividad impulsaban al alza los salarios que, a su vez, impactaba en la demanda y el empleo. Ese escenario incentivaba la inversión que generaba mayores aumentos de productividad y permitía mejores salarios. Con modificaciones locales el mismo modelo se aplicó en Europa occidental, Canadá, Japón, Brasil y Argentina. Después de 1980 ese modelo keynesiano se reemplazó por un nuevo modelo de crecimiento neoliberal. Antes de 1980, los salarios eran el motor del crecimiento de la demanda; después de 1980, el endeudamiento y la inflación de los activos financieros se convirtieron en el motor.
El nuevo modelo puede ser presentado como una caja de políticas neoliberales que encierra a los trabajadores para presionarlos por todos lados. La globalización corporativa pone a los trabajadores en una competencia internacional a través de redes de producción que están respaldadas por los acuerdos de libre comercio y la movilidad de capital. La agenda de los gobiernos “pequeños” atacó la legitimidad de la intervención estatal y promovió la desregulación sin importar las consecuencias. La flexibilización laboral golpeó a los sindicatos y a los instrumentos como el salario mínimo, el seguro de desempleo y la protección laboral. Finalmente, el abandono del objetivo de pleno empleo generó inseguridad laboral y debilitó el poder de los trabajadores.
Este modelo se implementó en todo el mundo multiplicando su impacto. Eso explica la importancia del Consenso de Washington que fue impuesto en América latina, Africa y los antiguos países comunistas por el FMI y el Banco Mundial al condicionar el financiamiento a la aplicación de las políticas neoliberales.
Las tres visiones de la crisis ponen en evidencia qué está en juego, en tanto cada una recomienda una respuesta distinta. Para los neoliberales más duros, la salida reside en duplicar la apuesta con mayor desregulación financiera y laboral, profundizar la independencia de los bancos centrales y su compromiso exclusivo con una baja inflación, y limitar más el rol del Estado a través de la austeridad fiscal. La visión blanda del neoliberalismo recomienda endurecer la regulación financiera pero preservan el resto del paradigma de políticas ortodoxas.
Para los defensores de la “hipótesis de la destrucción de la prosperidad generalizada” la respuesta necesaria es otra. El desafío es desplazar al paradigma neoliberal y reemplazarlo por otro “keynesiano estructural” que restablezca el círculo virtuoso. El objetivo es sacar a los trabajadores de la caja neoliberal opresiva y poner allí a las corporaciones y los mercados financieros para que sirvan al interés público. Eso implica reemplazar la globalización corporativa por una globalización administrada donde existan altos estándares laborales, coordinación de tipos de cambio y controles de capitales; recuperar el objetivo de pleno empleo y reemplazar la flexibilidad laboral con una agenda solidaria del mercado de trabajo donde exista un balanceado poder de negociación, salarios mínimos adecuados, seguro de desempleo y respeto de los derechos laborales. Una agenda social democrática significa que el gobierno asegure la provisión de redes de contención y las necesidades básicas como salud, educación y jubilaciones.
El punto central es que cada una de las perspectivas posee sus propias prescripciones de política económica. Por lo tanto, la explicación que prevalezca será determinante y ubica a la economía en el centro de la puja política. Por ahora, la profesión económica se divide entre el núcleo duro neoliberal y la visión más liviana de esas ideas. Sin embargo, eso puede modificarse con la presión de una dura realidad que produce una demanda masiva de cambio, como sucedió en la Gran Depresión, que ofreció el punto de partida para la economía keynesiana. La única certeza es que el cambio será duramente resistido ya que las elites y los economistas ortodoxos están interesados en preservar la primacía del paradigma dominante.

(Pagina 12 http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-193435-2012-05-07.html)


¿Quién es Thomas Palley?

 Por Tomás Lukin
Las ideas económicas no son ajenas al estallido de la crisis, por el contrario, jugaron un rol central en su estallido y profundización. El economista estadounidense Thomas Palley cuestiona los cimientos de la matriz neoliberal, como la desregulación, la independencia de los bancos centrales y la reducción del Estado, y reclama la recuperación de un programa progresista que ponga el eje en el pleno empleo con un rol activo del Estado. Recientemente, Palley comenzó el proyecto “Economics for Democratic & Open Societies”, que apunta a estimular el debate sobre las condiciones y políticas económicas necesarias para promover la democracia y una sociedad abierta.
Durante los primeros años de la crisis, los textos del economista ofrecieron una visión alternativa y consistente sobre las causas del estallido financiero y sus consecuencias. En uno de sus últimos posts en su sitio www.thomaspalley.com advierte que “Europa no necesita un prestamista de última instancia, ese rol lo está cumpliendo el Banco Central Europeo, de lo que carecen los países del euro es de un banco público que financie el déficit presupuestario y mantenga bajas tasas de interés sobre la deuda pública”. Para Palley, allí reside la explicación de por qué “Estados Unidos y el Reino Unido con la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra se endeudan a bajo costo y permanecen solventes mientras que España, con un perfil de deuda y déficit similar, está bajo un ataque especulativo”. http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/subnotas/193435-58928-2012-05-07.html

martes, 17 de abril de 2012

Europe’s Economic Suicide

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On Saturday The Times reported on an apparently growing phenomenon in Europe: “suicide by economic crisis,” people taking their own lives in despair over unemployment and business failure. It was a heartbreaking story. But I’m sure I wasn’t the only reader, especially among economists, wondering if the larger story isn’t so much about individuals as about the apparent determination of European leaders to commit economic suicide for the Continent as a whole. 

Just a few months ago I was feeling some hope about Europe. You may recall that late last fall Europe appeared to be on the verge of financial meltdown; but the European Central Bank, Europe’s counterpart to the Fed, came to the Continent’s rescue. It offered Europe’s banks open-ended credit lines as long as they put up the bonds of European governments as collateral; this directly supported the banks and indirectly supported the governments, and put an end to the panic.
The question then was whether this brave and effective action would be the start of a broader rethink, whether European leaders would use the breathing space the bank had created to reconsider the policies that brought matters to a head in the first place.
But they didn’t. Instead, they doubled down on their failed policies and ideas. And it’s getting harder and harder to believe that anything will get them to change course.
Consider the state of affairs in Spain, which is now the epicenter of the crisis. Never mind talk of recession; Spain is in full-on depression, with the overall unemployment rate at 23.6 percent, comparable to America at the depths of the Great Depression, and the youth unemployment rate over 50 percent. This can’t go on — and the realization that it can’t go on is what is sending Spanish borrowing costs ever higher.
In a way, it doesn’t really matter how Spain got to this point — but for what it’s worth, the Spanish story bears no resemblance to the morality tales so popular among European officials, especially in Germany. Spain wasn’t fiscally profligate — on the eve of the crisis it had low debt and a budget surplus. Unfortunately, it also had an enormous housing bubble, a bubble made possible in large part by huge loans from German banks to their Spanish counterparts. When the bubble burst, the Spanish economy was left high and dry; Spain’s fiscal problems are a consequence of its depression, not its cause.
Nonetheless, the prescription coming from Berlin and Frankfurt is, you guessed it, even more fiscal austerity.
This is, not to mince words, just insane. Europe has had several years of experience with harsh austerity programs, and the results are exactly what students of history told you would happen: such programs push depressed economies even deeper into depression. And because investors look at the state of a nation’s economy when assessing its ability to repay debt, austerity programs haven’t even worked as a way to reduce borrowing costs.
What is the alternative? Well, in the 1930s — an era that modern Europe is starting to replicate in ever more faithful detail — the essential condition for recovery was exit from the gold standard. The equivalent move now would be exit from the euro, and restoration of national currencies. You may say that this is inconceivable, and it would indeed be a hugely disruptive event both economically and politically. But continuing on the present course, imposing ever-harsher austerity on countries that are already suffering Depression-era unemployment, is what’s truly inconceivable.
So if European leaders really wanted to save the euro they would be looking for an alternative course. And the shape of such an alternative is actually fairly clear. The Continent needs more expansionary monetary policies, in the form of a willingness — an announced willingness — on the part of the European Central Bank to accept somewhat higher inflation; it needs more expansionary fiscal policies, in the form of budgets in Germany that offset austerity in Spain and other troubled nations around the Continent’s periphery, rather than reinforcing it. Even with such policies, the peripheral nations would face years of hard times. But at least there would be some hope of recovery.
What we’re actually seeing, however, is complete inflexibility. In March, European leaders signed a fiscal pact that in effect locks in fiscal austerity as the response to any and all problems. Meanwhile, key officials at the central bank are making a point of emphasizing the bank’s willingness to raise rates at the slightest hint of higher inflation.
So it’s hard to avoid a sense of despair. Rather than admit that they’ve been wrong, European leaders seem determined to drive their economy — and their society — off a cliff. And the whole world will pay the price.