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jueves, 20 de enero de 2011

Perspectivas positivas

Moody's aumentaría calificación de deuda a Latinoamérica

43 minutos
NUEVA YORK (AP) - Los analistas de Moody's esperan seguir aumentando las calificaciones de la deuda soberana de los países de América Latina y el Caribe en el 2011.

Las economías de la región prosperaron en el 2010, mientras que las naciones desarrolladas siguieron en recesión o con una recuperación anémica, escribieron los analistas en un reporte sobre las perspectivas regionales, revelado el jueves.
Un total de 10 países mejoró su evaluación en el 2010, mientras que a otros tres se asignaron perspectivas positivas. Moody's señaló que las naciones probablemente aprovecharán esos avances, debido a una sólida demanda interna, un alza en los precios de las materias primas y la recuperación económica global.
Dentro de América Latina, las naciones sudamericanas tendrán probablemente un crecimiento más lento, mientras que las centroamericanas y caribeñas se expandirán con más fuerza, según el reporte.
La agencia consideró que los países latinoamericanos serán menos vulnerables a las turbulencias del mercado, porque están solicitando préstamos a mayores plazos y están aumentando sus reservas en divisas extranjeras.
El principal riesgo que enfrenta la región proviene de China, según el reporte. América Latina depende mucho de la demanda de Estados Unidos y China. La demanda de exportaciones podría declinar si la recuperación en Estados Unidos es muy pobre o si se lentifica el crecimiento en China.
Además, algunos inversionistas están nerviosos ante la crisis de deuda en la Eurozona, que se ha agudizado tras las degradaciones a la calificación de las deudas soberanas.
Brasil es vulnerable a esos factores, pero probablemente seguirá creciendo con más rapidez de la que ha mostrado históricamente, añadió el reporte. Explicó que la calificación de "Baa3" con perspectiva positiva de Brasil será probablemente revisada en el segundo trimestre del 2011.
El equipo de analistas fue encabezado por el vicepresidente y analista de Moody's, Patricio Esteruelas.

sábado, 30 de enero de 2010

Davos, segundo día

EN EL SEGUNDO DIA DEL FORO ECONOMICO MUNDIAL
América latina irrumpió en Davos

Latinoamérica irrumpió ayer en el segundo día del Foro Económico de Davos. La presencia del presidente colombiano Alvaro Uribe el panameño, Ricardo Martinelli y el mandatario mexicano Felipe Calderón marcó la agenda de la cumbre suiza. Haití fue uno de los temas a tratar: en la tribuna principal del Foro, el ex presidente Bill Clinton pidió al empresariado por la reconstrucción del devastado país caribeño. Al pedido norteamericano se sumó Brasil, que no contó con la presencia de su presidente, Luiz Iná-cio Lula da Silva, por una crisis de hipertensión que lo mantendrá en reposo hasta el lunes.
Tras una primera jornada dedicada en forma casi exclusiva a la batalla con los banqueros por la reforma del sector, Davos trató en su segunda día un abanico de temas variados. Calderón y Uribe desarrollaron apretadas agendas de reuniones bilaterales e intervenciones con el objetivo de atraer inversiones a sus países y promover la participación en sus respectivas conferencias: el Foro Económico para Latinoamérica a celebrarse en la ciudad de Cartagena y la Convención Marco de la ONU que tendrá lugar en México con el objetivo de lograr el acuerdo contra el cambio climático.
“Necesitamos promover inversiones, pues sin ellas es imposible crear trabajos de calidad, aumentar la prosperidad y vencer la pobreza. Las inversiones son un pilar necesario para la cohesión social”, aseguró el jefe de Estado colombiano en el marco de la sesión “ Latinoamérica: Democracia vs. Desarrollo” de la cual participaron los tres mandatarios latinoamericanos así como también el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, la directora ejecutiva del Centro de Estudios para América latina (Cepal), Alicia Bárcena Ibarra, y el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno. El presidente Uribe se mostró confiado en atraer capitales extranjeros luego de que Barack Obama manifestara su interés en impulsar el congelado Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Colombia en su discurso del Estado de la Unión anteayer.
Capítulo aparte mereció el pedido por Haití. En una sesión especial dedicada al país, el ex presidente Clinton pidió a los empresarios reunidos en Davos invertir con confianza en el país caribeño, ayudando a la reconstrucción de la parte destruida por el sismo del pasado 12 de enero. “Tienen la mejor oportunidad de su vida de escapar al pasado y tenemos la mejor oportunidad de nuestras vidas de ser parte de eso’’, dijo emocionado el ex gobernante, nombrado enviado especial de la ONU para Haití. Sentado a su lado, el canciller brasileño Celso Amorim propuso que todos los países del mundo, en condiciones de hacerlo, recorten a cero los aranceles para los productos procedentes de Haití durante un plazo de 15 a 20 años.
La delegación brasileña no contó con la presencia del presidente Da Silva. El mandatario tuvo que cancelar su asistencia al Foro por una crisis de hipertensión, producto del estrés, por la que tuvo que ser internado en un hospital de Recife. De vuelta en su casa y en reposo, los médicos recomendaron al presidente no viajar y suspender todas sus actividades hasta el lunes.
Estaba previsto que Lula tuviera un papel estelar en el Foro Económico este viernes, en el que recibirá el premio al “Estadista Global”,
otorgado en homenaje a sus ocho años de mandato. Se espera que en su nombre, el canciller Amorim reciba el galardón.
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Perspectiva regional

ENTREVISTA A KOSTAS VERGOPOULOS, DE LA UNIVERSIDAD DE PARIS VIII
“Deben dejar de ser tibios”
El investigador francés plantea que los países latinoamericanos deben aprovechar esta etapa de precios altos de los commodities para profundizar un modelo de desarrollo con valor agregado. “Es preciso ampliar los mercados internos”, reclama.
Por Natalia Aruguete
Con excepción de China, India o Brasil, no habrá un crecimiento significativo de las economías del resto de los países en el corto plazo, según lo estimado por diversos organismos internacionales. En el caso particular de los emergentes, el investigador de la Universidad de París Kostas Vergopoulos afirmó en diálogo con Cash que el escaso crecimiento será a causa de que sus ingresos dependen en gran medida de las exportaciones –basadas fundamentalmente en productos básicos–, por la falta de inversiones que alienten el mercado interno y, como consecuencia, la fragilidad de sus estructuras económicas.
¿Qué efectos tuvo la crisis mundial en los países emergentes?
–Permanecen en una situación buena porque tienen ingresos por sus exportaciones, pero esos países dependen mucho de su capacidad de exportar. Y las exportaciones, en el futuro próximo, corren un riesgo inminente de caer por la reducción del comercio internacional. Como consecuencia, la crisis se trasladará al interior de sus economías. El problema para América latina y otros países emergentes asiáticos, como China o India, es que tienen muchas reservas por esas exportaciones, pero no reciclan sus riquezas en inversiones al interior de sus economías.
¿Qué particularidades diferencian a América latina de los países asiáticos?
–En América latina, los gobiernos han dado prioridad a reducir sus deudas externas. Según mis cálculos, el 50 por ciento de esos ingresos del exterior fueron exportados para pagar deuda. La cuestión central debería ser cómo introducir esas riquezas al interior de las economías. Especialmente, a mejorar la distribución de los ingresos –los salarios y el poder de compra de las clases medias y bajas– para ampliar el mercado interno. La insuficiencia de la demanda internacional se debió a la caída de la demanda norteamericana, y para sustituir esa caída hay que aumentar la demanda de los mercados internos de los países emergentes.
¿Cómo caracteriza a las exportaciones de los países emergentes?
–Los excedentes de los países emergentes se basan en las exportaciones de productos primarios y recursos naturales energéticos y alimentarios. No son explotaciones con transformación industrial, es decir que son muy frágiles frente a la demanda internacional y a la volatilidad de los precios internacionales de los commodities. América latina exporta específicamente productos básicos, que en las Bolsas del mundo son objeto de especulaciones. Entonces los precios y, por ende, los ingresos de los países latinoamericanos son muy frágiles. Este es un momento único para los países latinoamericanos, porque son ricos y deben aprovecharlo para ampliar sus mercados internos. Hay que dejar de ser tibios. La única solución sería ampliar los mercados internos y afianzar las relaciones intrarregionales en Latinoamérica. El comercio intrarregional debe crecer en detrimento del comercio con Estados Unidos o los países europeos. Pero no logra crecer y eso es un gran problema.
¿Por qué no crece?
–Porque no hay una real política de distribución de los ingresos, sólo medidas moderadas en países como Argentina u otros con gobiernos progresistas, pero insisto en que son políticas tímidas. Es necesario que se produzcan reformas al interior de los países para generar una distribución de los ingresos más justa y más eficaz económicamente, y que se profundice la cooperación intrarregional.
¿Cree que en Europa sí existe una efectiva cooperación intrarregional?
–No, en Europa también hay inercia. Todos los países del mundo han estado casi paralizados por la crisis actual. En el caso de Estados Unidos, el gobierno no hace nada para superar la crisis, a excepción de medidas tradicionales.
¿A cuáles se refiere puntualmente?
–Medidas presupuestarias como las que hace el presidente Obama, recurriendo al déficit, por ejemplo. Pero es sólo la mitad del déficit necesario para combatir la crisis y asegurar el empleo. Otra de las medidas consiste específicamente en reducir los impuestos a los que tienen ingresos altos. Pero son parciales y se necesitan reformas más profundas, tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo. Hoy vivimos la pérdida de la hegemonía norteamericana, necesitamos una nueva construcción global. Pero no hay un poder económico igual al de los Estados Unidos que lo suceda, a menos que esta sucesión se haga de manera conjunta, con los países emergentes unidos.
¿Cuáles son los obstáculos que enfrentan los países emergentes para reemplazar esa caída de la demanda?
–Son obstáculos ideológicos: avanzan de manera tímida. Hay ideas buenas, como la creación del Banco del Sur o la emancipación geopolítica, pero por el momento son sólo ideas, no hay efectos. Y la base de estos cambios debe ser una justa distribución del ingreso.
Algunos especialistas han planteado que la recuperación de la crisis pasa por China y los países asiáticos, ¿usted qué opina?
–China tiene un gobierno reaccionario, no sólo a nivel político sino económico. El gobierno chino no quiere ampliar el mercado interno, como los gobiernos progresistas de América latina. La política china es más negativa para suceder a la hegemonía norteamericana que la latinoamericana, aunque todavía las políticas de los gobiernos de esta región no impactan lo suficiente.
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Historia


Al calor de las peleas en el Banco Central, resucitó un debate casi olvidado: ¿es posible revisar el proceso de endeudamiento de los últimos 35 años, establecer responsabilidades y repudiar los pasivos mal habidos? Cash trasladó la consulta a dirigentes de la oposición y el oficialismo, quienes polemizaron sobre límites y voluntades.


Por Sebastián Premici
El conflicto político que disparó el affaire Martín Redrado y la creación del Fondo del Bicentenario tiene una arista que escapa a la visión escandalizada de algunos miembros de la oposición en relación con el uso de las reservas del Banco Central y las formas con las que procedió el Gobierno para encarar el tema. Uno de los temas de fondo que resucitó un debate casi olvidado tiene que ver con la deuda externa, su (i)legalidad o (i)legitimidad y las posibilidades que tendría el Estado para encarar una auditoría con el fin de obtener una radiografía precisa de cómo fue el proceso de endeudamiento en los últimos 35 años y quiénes son los acreedores del país, ya sean estados, organismos multilaterales, bancos, empresas, inversores, instituciones, pequeños ahorristas o fondos buitre. Todo esto con el objetivo de determinar responsabilidades en los casos donde se encuentren irregularidades y a su vez construir una herramienta cultural que sirva para clarificar decisiones de política económica ante la sociedad. Sin embargo, no hay soluciones mágicas. Para avanzar en el tema, Cash consultó a legisladores de la oposición y del oficialismo sobre las posibilidades de concretar una auditoría de la deuda en moneda dura.
Ya existen casos interesantes que podrían servir de base: la causa Olmos, con un fallo firme del juez Jorge Ballesteros sobre la deuda de la última dictadura militar, cuyos expedientes duermen en el sótano del Congreso; la causa del Megacanje, donde está procesado el ex secretario de Finanzas de la Alianza, Daniel Marx, irónicamente ahora uno de los voceros mediáticos para criticar la conformación del Fondo del Bicentenario. Y en el plano internacional existen las auditorías realizadas por Ecuador y Costa Rica, que se sometieron al Tribunal Internacional de la Haya, y una investigación que está iniciando Brasil sobre su deuda. Por lo tanto, cabe hacerse la pregunta: ¿puede hablarse de deuda legítima e ilegítima? Para la presidenta Cristina Fernández de Kirchner era un tema que, en todo caso, debió tratarse en 1983.
La deuda en debate
Según la causa Olmos, en 1975 la deuda externa tanto pública como privada era de 8085 millones de dólares, mientras que en 1983 ya ascendía a 45.087 millones de dólares y dos años después, ya en período democrático, rondaba los 49.000 millones de dólares. En las conclusiones del fallo, el juez Ballesteros determinó: “La deuda externa de la Nación ha resultado groseramente incrementada a partir de 1976 mediante la instrumentación de una política económica vulgar y agraviante que puso de rodillas al país a través de los diversos métodos utilizados, que tendían, entre otras cosas, a beneficiar y sostener empresas y negocios privados –nacionales y extranjeros– en desmedro de sociedades y empresas del Estado”.
Durante el primer gobierno post dictadura, Raúl Alfonsín intentó dar el debate sobre la ilegalidad de la deuda externa pero sucumbió rápidamente ante las presiones del establishment. Después, Menem lo hizo. En el marco del Plan Brady, la banca acreedora –el Bank of America, el Banco de la Sociedad Financiera Europea, la Unión de Bancos Suizos, el Boston y el Lloyds Bank, entre otros– consiguió cambiar una deuda bancaria por bonos del Estado que luego se vendieron anónimamente en el mercado.
Fue un canje que alcanzó un total de 29.000 millones de dólares, impulsado por Domingo Cavallo, el abogado Horacio Liendo –ahora patrocinante del gobierno de San Luis contra el Fondo del Bicentenario– y –también– Daniel Marx. Desde la Reserva Federal, los implicados fueron Terrence Checki y el ex subsecretario del Tesoro, David Mulford, también implicado en la causa del megacanje de la Alianza.
“Los Brady fueron los famosos bonos que luego se utilizaron para comprar las empresas públicas. De la mano de la deuda de la dictadura, más las renegociaciones del alfonsinismo, la estafa de las privatizaciones, el endeudamiento de toda la década menemista, más el megacanje, que le costó al país un incremento de la deuda externa en 50.000 millones de dólares, llegamos a la crisis de 2001”, señaló a Cash el economista Andrés Asiain, integrante de la Cátedra nacional de Economía “Arturo Jauretche”.
La negociación del canje de 2005 representó una quita de 63.000 millones de dólares, mayor al aumento de la deuda ocasionado por el megacanje. Si bien es verdad que el actual nivel de endeudamiento en relación con el PIB es mucho menor que en 2003 –cuando llegaba al 138 por ciento–, existen argumentos jurídicos que avalarían la pregunta sobre la posibilidad de estudiar la deuda externa aun después de que los gobiernos democráticos la hayan convalidado a través de sucesivas renegociaciones y en los presupuestos nacionales.
Para Mario Cafiero, el concepto jurídico de “deuda odiosa” está vigente y fue utilizado por el gobierno de George Bush para suspender la deuda en Irak contraída por Saddam Hussein. Pero sin ir tan lejos, la propia Constitución nacional tendría salvaguardas para analizar el endeudamiento externo. El artículo 36 de la carta magna establece que los actos hechos por un usurpante del poder –como fue la dictadura militar– son nulos de nulidad absoluta. “Hay que promover una acción judicial internacional que examine si realmente somos deudores. Costa Rica se sometió ante el Tribunal Internacional de La Haya y logró que la mayor parte de su deuda contraída bajo un gobierno de facto sea anulada. Allí se aplicó el concepto de deuda odiosa”, explicó a Cash el constitucionalista Eduardo Barcesat.
En este sentido, el propio Héctor Timerman, embajador argentino en Estados Unidos, señaló esta semana en su carta al Congreso norteamericano que la actual deuda argentina –y el proceso de canje que quiere reiniciar el Gobierno– está relacionada con la última dictadura militar. Por lo tanto, existen elementos jurídicos y políticos –tanto locales como internacionales– que avalarían una auditoría de la deuda externa. El problema es cómo llevarla adelante después de que cambió tantas veces de mano con las sucesivas reestructuraciones.
La deuda en el Parlamento
Para el diputado Claudio Lozano, integrante de Proyecto Sur junto a Pino Solanas, debería crearse una comisión bicameral que recupere algunas causas judiciales vigentes y otros casos emblemáticos: el caso Olmos, el megacanje, los bonos por la pesificación asimétrica de 2002 y la reestructuración de la deuda de 2005. Además de la Bicameral, se debería convocar –según el legislador– al Tribunal Internacional de la Haya para que actúe como contralor. Otros legisladores, como Carlos Heller, ahora en el espacio que lidera Martín Sabbatella pero afín al Gobierno, e incluso el radical Daniel Katz, uno de los principales operadores políticos del vicepresidente Julio Cobos, también se muestran a favor de una comisión investigadora, pero se diferencian en puntos centrales.
Según explicó Lozano a Cash, el Estado debería frenar el pago de toda la deuda investigada que tenga algún trámite judicial iniciado –como el megacanje– como así también los bonos originados en esa deuda por más que luego hayan sido canjeados nuevamente en 2005. “En donde no haya un juicio iniciado, hay que revisar todo, suspender el pago de capital y seguir abonando los intereses, hasta que termine la investigación”, agregó el legislador a este suplemento. Eso implica suspender el pago del grueso de la deuda actual.
En relación con los Boden 2012, que son títulos emitidos para compensar a los ahorristas que quedaron atrapados en el corralito, Lozano afirmó que también debería estudiarse la transferencia de esos títulos, porque “sirven más para remunerar a los bancos que a los ahorristas”, según su tesis. Esto es porque los bancos fueron comprando esos bonos en el mercado. “Si hubo alguna ilegalidad en estos títulos, habría que forzar a los bancos para que compensen al Estado”, agregó el diputados de la CTA y Proyecto Sur.
“Imaginate si se le dijera a algún ahorrista o jubilado que vamos a suspender el pago de los Boden 2012, sería un escándalo”, reflexionó Carlos Heller. Para el también banquero, la postura más sensata sería iniciar una revisión parlamentaria pero sin suspender los procesos vigentes de desendeudamiento. “El momento fue luego de la dictadura, después hubo innumerables cambios de mano, hubo tomadores de buena fe. No se puede ir siempre para atrás, si no estaría todo sujeto a revisión. Sí creo que es necesaria una investigación para delimitar responsabilidades. Brasil también lo está haciendo”, indicó Heller.
El momento político parece ser una buena vidriera para que todos los integrantes de la oposición se sumen a la discusión por la deuda externa. “Se tendrían que suspender los pagos hasta tanto se termine la investigación”, señaló con vehemencia el diputado cobista Daniel Katz.
–¿Usted ve a Cobos y al radicalismo declarando un default para encontrar a los responsables de la deuda externa? –le preguntó Cash.
–Yo no soy la totalidad del radicalismo, habría que debatirlo profundamente. Los mercados y el mundo reaccionan frente a un país en función de la seriedad con que planteen los temas. Puede ser serio pagar como no pagar, depende de cómo se haga –respondió.
La deuda pendiente
En el oficialismo, tanto altas fuentes del Ministerio de Economía como desde la conducción del bloque oficialista en Diputados consideran que éste no es el mejor momento para hacer un estudio de la deuda externa. De hecho, el objetivo principal es concretar el nuevo canje para salir a los mercados financieros. Por lo bajo, los funcionarios del Ejecutivo reconocen que luego de 25 años es muy difícil investigar la deuda, aunque señalan que un argumento favorable para los que impulsan una investigación de estas características sería relacionar la deuda externa con un hecho de lesa humanidad e iniciar acciones legales para su investigación bajo el amparo de los derechos humanos.
Para el economista Asiain, una auditoría de la deuda serviría mucho desde el punto de vista cultural. “Hay una gran mentira de que los argentinos vivimos de lo que nos dieron los extranjeros, nos viven diciendo que debemos honrar las deudas. La sociedad tiene que saber de dónde vino esa deuda. Es un tema relevante para el presente y para el futuro de país”, señaló el economista.
El mecanismo de la deuda externa fue similar en muchos países latinoamericanos. El plan Brady se aplicó, además de Argentina, en Ecuador, Bolivia, México, Brasil, Perú y Filipinas. Por eso, desde los espacios de poder dentro de Latinoamérica, como la Unasur, se plantea la posibilidad de impulsar tribunales regionales que sean los responsables de estudiar todos estos procesos, por más que hayan pasado varias décadas.
“Hay que investigar y reforzar el poder internacional para decidir en conjunto. A las finanzas internacionales no les importa cuándo se contrajo la deuda. Hay que finalizar este proceso de otra manera, a partir de la unidad latinoamericana, donde todos los países puedan expresar una opinión común frente a los grandes acreedores internacionales que viven de hacer juicios a los Estados”, aseveró el historiador y ensayista Norberto Galasso.
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